El planeta Tierra después de la Guerra Nuclear
Muchas veces tenemos la tendencia a considerar que las noticias internacionales no tienen nada que ver con nosotros. Que conflictos entre países en el otro hemisferio no nos afectan. Sin embargo, el mundo de hoy tiene un fantasma que no consigue erradicar y es capaz de hacer que todos los países del mundo sin excepción sufran sus consecuencias. Es la posibilidad de una guerra con armas nucleares.
Hasta la Segunda Guerra Mundial la bomba con mayor poder destructivo era la “Grand Slam” británica, de 10 toneladas, capaz de arrasar con todo en una cuadra a la redonda. Pero la revolución llegó con la nueva tecnología nuclear: la bomba de Hiroshima, de fisión de átomos de uranio, tenía el poder de 12 500 toneladas de explosivos convencionales, y mató alrededor de 100 000 personas. Y en 1952 otra revolución de pesadilla: la primera bomba de fusión termonuclear de átomos de hidrógeno, equivalente a 10 400 000 toneladas de explosivos convencionales. En apenas una década el poder de destrucción del ser “humano” se multiplicó por 1 millón.
EL PODER DE LAS ARMAS NUCLEARES
La fabricación de armas nucleares entró en producción en masa. Una bomba típica de hoy en día tiene unos 1,7 m de largo por 0,5 m de diámetro y una masa de apenas 360 kg, pero con su sistema de fusión termonuclear de hidrógeno es capaz de explotar con la fuerza de 300 000 toneladas de explosivos convencionales.
Durante una explosión nuclear, lo primero que aparece es una intensa luz, mucho más brillante que el sol y de un calor insoportable. Todo lo que está alrededor se vaporiza y sube en una enorme bola de gas caliente, dejando debajo una columna de humo, lo que genera la típica forma de hongo nuclear. Varios segundos después llega el terrible choque del aire desplazado, con sus terremotos y estruendos.
Una bomba de mitad de ese poder sería suficiente para destruir Manhattan. Hasta 2 km del centro de la explosión la fuerte radiación instantánea mata masivamente las células, mismo dentro de edificios. Además, hasta casi 4 km, el aire desplazado a velocidad supersónica arrasa las estructuras. Hasta 5 km el calor es tan intenso que todavía causa quemaduras mortales. Y en áreas así puede haber 3 millones de personas.
Hay dos clasificaciones de armas atómicas: las pequeñas, tácticas, están desarrolladas para vencer una batalla en un lugar y ocasión muy específicos. Normalmente son transportados por pequeños misiles, como el de crucero Tomahawk, o aviones de caza como el F-16. Las más poderosas, las estratégicas, se diseñan para decidir una guerra en poco tiempo y normalmente son transportadas por bombarderos de largo alcance como el B-2 o misiles balísticos intercontinentales, verdaderos cohetes de 7 o más pisos de altura que despegan desde silos subterráneos. Existen misiles estratégicos menores que son lanzados desde submarinos, más cerca de los objetivos.
PROLIFERACIÓN NUCLEAR
Después de Estados Unidos, la Unión Soviética explotó su primera bomba en 1949. Luego fue el Reino Unido en 1952, Francia en 1960 y China en 1964. En 1968 la ONU resolvió que cinco potencias nucleares ya era demasiado y prohibió la proliferación nuclear. Ningún nuevo país puede desarrollar armas nucleares. Los únicos que no firmaron el acuerdo fueron Israel, Pakistán e India. India explotó su primera bomba en 1974 y Pakistán se declaró estado nuclear en 1998.
Según los datos más recientes publicados en el “Bulletin of the Atomic Scientists” y otros circulares de la Federación de Científicos Estadounidenses, India tiene un arsenal de entre 80 y 100 bombas atómicas, Pakistán tiene de 90 a 110, Reino Unido tiene cerca de 225, se estima que China tiene unas 240 y Francia cuenta con cerca de 300. Pero los "campeones" indiscutibles son Estados Unidos, que 20 años después del fin de la Guerra Fría aún tiene alrededor de 7700 bombas atómicas, y Rusia, que cuenta con unas 8500. Como en el planeta sólo hay algo más de 2500 ciudades de más de 1 millón de habitantes, existen armas nucleares suficientes para destruir el mundo unas 7 veces.
Y hay gente que quiere más: se sospecha que Israel tiene aproximadamente 80 bombas atómicas; Corea del Norte a estas alturas debe tener cerca de 10; Irán debe estar muy cerca de poder fabricarlas e inclusive Libia habría intentado comprar una de China.
En el pasado otros países tuvieron programas semejantes pero por distintos motivos volvieron atrás: Bielorrusia, Kazakhstan, Ucrania, Sudáfrica, Irak, Argelia, Corea del Sur, Taiwán, Suecia, Suiza, e inclusive los buenos vecinos Argentina y Brasil.
Países con suficiente tecnología y dinero, como Alemania, Canadá, Holanda y Japón, sólo no tienen arsenales semejantes a los de EUA porque no quieren.
Con tantos países involucrados y 17 300 armas nucleares en el mundo, el extravío de apenas una de ellas es suficiente para causar una catástrofe innombrable.
LA GUERRA NUCLEAR “CLÁSICA”
Por otro lado, es difícil saber el resultado de una guerra nuclear regional, digamos, entre Irán e Israel. Si se complica y más países entran, se podría llegar a la tan anticipada Tercera Guerra Mundial. En ese caso, todo se desarrollará muy rápido: en 15 minutos los misiles balísticos de los submarinos caerían en los aeropuertos estratégicos. A los 25 minutos lloverían los misiles balísticos intercontinentales sobre las bases militares, centros de comando e infraestructura industrial. Horas después los bombarderos llegarían a blancos adicionales. En pocos días los informes de satélites espías ayudarían a completar la destrucción. Y en una semana todo habrá acabado.
Las explosiones deben excavar cráteres para destruir los bunkers militares. Pero para paralizar la infraestructura de apoyo (industrias, transporte, comunicaciones) se incinerarían áreas urbanas. Todo esto levantaría enormes cantidades de polvo y humo.
PRECIPITACIÓN RADIOACTIVA
En los países bombardeados, el polvo sería tan radioactivo que en las dos primeras semanas mataría a quien no se oculte debajo de losas de concreto o bolsas de arena. Luego se esparciría contaminando por años el resto del mundo con sustancias cancerígenas, especialmente los vegetales de hoja y por consiguiente la leche.
EL INVIERNO NUCLEAR
Hace casi tres décadas, los científicos de la NASA Richard Turco, Owen Toon, Thomas Ackerman, James Pollack y una cierta persona encontraron similitudes entre las tormentas de arena en Marte y los efectos de una guerra nuclear en la Tierra. Les llamó la atención el oscurecimiento del cielo, la caída de temperatura, y la facilidad con que una tempestad regional esparce el polvo por el planeta entero, como una gota de tinta en un vaso con agua. Sus datos, publicados en 1983 ("Invierno nuclear: consecuencias globales de explosiones nucleares múltiples", Science, volumen 222, número 4630, páginas 1283-1292, 23 de diciembre de 1983) muestran que en una guerra nuclear donde la mitad de los blancos civiles y militares son destruidos, el humo y el polvo oscurecerían los cielo del mundo entero, con una caída de la temperatura promedio en los continentes a 25 grados C bajo cero: un “invierno nuclear” que duraría por lo menos un año.
Datos publicados en 1983 por un grupo de 20 científicos, liderados por Paul Ehrlich (Paul Ehrlich, John Harte, Mark Harwell, Peter Raven, una cierta persona, George Woodwell, Joseph Berry, Edward Ayensu, Anne Ehrlich, Thomas Eisner, Steven Gould, Herbert Grover, Rafael Herrera, Robert May, Ernst Mayr, Christopher McKay, Harold Mooney, Norman Myers, David Pimentel y John Teal, "Consecuencias biológicas de largo plazo de la guerra nuclear", Science, volumen 222, número 4630, páginas 1293-1300, 23 de diciembre de 1983), indican que la guerra causaría grandes incendios en instalaciones de petróleo y gas y rompería tanques de productos tóxicos. Faltarían agua, comida y combustible y los sobrevivientes recibirían una fuerte radiación. Habría grandes desplazamientos urbanos. Una semana después la cantidad de luz disminuiría drásticamente. Si la guerra es en primavera o verano, las temperaturas bajo cero destruirían todos los cultivos. En los ríos y lagos se formaría gruesas capas de hielo. En los océanos el fitoplancton moriría interrumpiendo la cadena alimentaria. La alteración climática generaría violentas tempestades en los litorales. La oscuridad y el frío extremo destruirían los bosques tropicales húmedos, que se secarían y alimentarían incendios. En lugares como América Central y del Sur las poblaciones tendrían que deambular en busca de abrigo y alimentos. Volveríamos a la época de las cavernas, pero en condiciones mucho más adversas. Y no se descarta que la supervivencia del propio "Homo sapiens" como especie quede amenazada.
CONSECUENCIAS DE UNA GUERRA NUCLEAR “CLÁSICA”
ONDAS EXPANSIVAS
duración: 1 semana muertes: centenas de millones CALOR duración: 1 semana muertes: centenas de millones RADIACIÓN INSTANTÁNEA duración: 1 semana muertes: decenas de millones PRECIPITACIÓN RADIOACTIVA duración: 1 año muertes: decenas de millones INCENDIOS duración: 3 meses muertes: decenas de millones GASES TÓXICOS duración: 1 año, progresiva muertes: millones
OSCURIDAD
duración: 2 años muertes: millones FRÍO duración: 2 años, progresiva muertes: centenas de millones AGUA CONGELADA duración: 2 años muertes: decenas de millones
COLAPSO DEL SISTEMA MÉDICO
duración: indefinida muertes: decenas de millones ESCASEZ DE ALIMENTOS duración: indefinida muertes: centenas de millones
ENFERMEDADES CONTAGIOSAS
duración: 1 año muertes: decenas de millones EPIDEMIAS Y PANDEMIAS duración: indefinida muertes: decenas de millones RADIACIÓN ULTRAVIOLETA SOLAR duración: 2 años, progresiva muertes: millones DISTURBIOS PSÍQUICOS duración: 10 años muertes: decenas de millones COMBINACIÓN DE EFECTOS duración: indefinida muertes: indefinidas
DESMONTANDO LA BOMBA
TRATADO DEL ESPACIO EXTERIOR (1966)
Prohíbe la colocación de armas nucleares en el espacio, la Luna y otros planetas
TRATADO DE NO PROLIFERACIÓN (1968)
Prohíbe que nuevos países adquieran armas nucleares. No firmaron India, Pakistán e Israel. Corea del Norte retiró su firma en 2003.
NUEVO TRATADO DE REDUCCIÓN DE ARMAS ESTRATÉGICAS (2011)
Reduce el arsenal de misiles nucleares estratégicos de EUA y Rusia a la mitad.
TRATADO DE PROHIBICIÓN AMPLIA DE PRUEBAS (1996)
Prohíbe toda explosión nuclear de prueba, para frenar nuevos desarrollos y acelerar el pase a retiro de los arsenales. EUA, China, India, Pakistán, Corea del Norte, Israel e Irán, entre otros, no lo ratificaron.
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